“Smash” (The Offspring): Probablemente, el disco más influyente de los 90’s

03/01/2018
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Lo pronuncio salomónicamente pero apuesto a que no me equivoco: El Smash (1994) de The Offspring, una piedra preciosa del punk-rock de los 90’s, fue también uno de los discos más influyentes para los jóvenes que crecimos en torno a la “canción ligera californiana” durante aquella década, para bien o para mal. Ya no cabe incidir en que si el Ixnay on the hombre (1997) tenía a las Mota, All I want y compañía, ni en que el salto cualitativo en la producción del Americana (1998) sirvió para espabilar a un buen puñado de despistados millennials acercándolos al género, no. El Smash. El jodido Smash de toda la vida.

Sería injusto y nada certero enarbolar cualquier alegato del disco en torno al que supuestamente era su tema estrella. La canción Self Steem estaba bien, era una buena canción y lo sigue siendo, no voy a decir lo contrario, pero ni por asomo creo que represente todo lo grande que era la banda por entonces, de modo que podemos empezar por el principio.

Momento para relajarse y desmigar el disco. Time to relax es una pieza oral que abre la lista de canciones y que cuenta con la tan característica voz de John Mayer (actor de doblaje americano), como en tantas otras pistas y fragmentos a lo largo de la carrera de The Offspring.

A continuación, Nitro. Tan anfetamínica como lo serán Bad habit, Genocide, Something to believe in, It’ll be a long time, So alone y quizá, aunque con un tempo menor, Not the one. Ritmos, rifs y coros marca de la casa los que comparten esta ristra de canciones, pero aún queda lo mejor.

Adelantando hacia la única posición capicúa del set nos damos de bruces con What happened to you?, un himno anti-droga que tal vez causara el efecto contrario en muchos jóvenes.

El Ska, oriundo de Jamaica y con gran acogida en el Reino Unido a finales de los 60’s, empezaba a pegar fuerte en la costa californiana. Tanto que otras bandas como NOFX o Rancid lo chapurreaban, e incluso se atrevían a incluir secciones de vientos en algunos de sus temas. En el caso que nos compete, la adaptación del género caribeño no es excesivamente fiel a sus principios pero no era extraño ver a tipos con dreadlocks en la cabeza y un cigarro de hierba en sus manos, en bares, conciertos y discotecas, al son de esta canción. El tiro por la culata, me temo.

Eran los 90’s y de Seattle a Huntington Beach no había tanta distancia. Esto se notó en los temas más grunge del disco, con ritmos entrecortados y una cadencia más pesada, más de asentir con la cabeza a cada negra, como en Gotta Get Away o en la anteriormente mencionada Self Steem. Pero si me tengo que quedar con una canción de entre todo el repertorio, ésa es Come out and play.

Junto con Killboy Powerhead, este par de temas me parecen de lo más singular en todo el álbum. No dejan de ser punk-rock, mantienen el sello propio de la banda y Dexter Holland nos sigue haciendo pedazos con sus cánones y chorros de voz juvenil. Sin embargo, les noto algo distinto. No sé si más oscuro; más fronterizo, quizá. “Tarantinesco”, es lo que siempre me he dicho por dentro. Lo único que sé es que completan un disco maravilloso y con el que, como en su día, sigo disfrutando cada vez que lo escucho.

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© Fotografía: The Offspring